Esta maravilla rojiza es indispensable en muchos platos que todos amamos.
La pregunta es ¿ Cuando deberías quitarle la piel y cuando dejársela ?
En realidad, todo es de gustos y para gustos los colores, pero siempre será útil este sencillo truco.
Si quieres preparar una receta con todo el sabor de los tomates pero no quieres sentir la piel en cada bocado solo tienes que hacer esto.

Primero, coloca agua en una olla pequeña y deja que hierva.
Prepara un bowl con agua fría y un par de rocas de hielo. Haremos un choque térmico que hará a las pieles desprenderse prácticamente solas
Lava muy bien los tomates y con la ayuda de un cuchillo, haz dos cortes en forma de cruz en la parte inferior de estos.
Pon los tomates en el agua caliente y cuenta 48 segundos ( más o menos), sácalos y llévalos directamente al bowl que tenías con agua fría.
Espera unos segundos para que la cocción se detenga y luego retira las pieles con tus manos, verás lo fácil que salen.
¡Ahora sí! Solo resta decidir en cuál receta la piel te aporta algo y en cuál sobra, saludos