La Fisiología Del Gusto https://www.lafisiologiadelgusto.com Recetas de comida - Recetas fáciles Mon, 07 Dec 2020 20:07:49 +0000 es-CO hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.5.5 /wp-content/uploads/2020/11/cropped-LogoSmall-32x32.png La Fisiología Del Gusto https://www.lafisiologiadelgusto.com 32 32 El primer contacto con la cocina /el-primer-contacto-con-la-cocina/ /el-primer-contacto-con-la-cocina/#respond Tue, 17 Nov 2020 19:09:17 +0000 /?p=80 El primer contacto con la cocina Leer más »

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Saben? Últimamente he tratado de ir muy atrás en mis recuerdos para encontrar una imagen que sé que está por ahí, en algún lugar. El primer contacto con la cocina es algo que muchos habrán tenido con sus familias, otros quizás con amigos, pero muchas veces es difícil estar por completo seguro de esa primera experiencia. Yo recuerdo muy bien ayudar a mi papá a descamar los pescados en esa pequeña cocina con azulejos blancos en el pueblo, el barrio donde mis mejores recuerdos fueron creados corriendo con amigos y jugando bote tarro.

En esa cocina, mis papás, mi hermana pequeña y yo dábamos rienda suelta a la glotonería; y sí, lo llamo así porque en esa época todos en la familia sufríamos un leve desfase de peso. Y es que esas tardes desgranando maíz en el comedor para preparar gloriosas torticas de maíz fritas o arepas de chócolo, eran el mise en place ejemplar de próximos manjares bien surtidos; y no hablo de las sosas arepas de chócolo que venden ahora, no; recuerdo muy bien el sabor de las verdaderas, la textura de algunos granos sin moler por completo que explotaban jugosos en la boca, ese olor de maíz fresco en el molino es inolvidable.

La palabra gourmet la conocí mucho después, cuando disfrutaba de programas de cocina en las vacaciones, pero sé con certeza que mi mamá siempre fue gourmet, mi papá también: él compraba libros de cocina y siempre había recetas que sin pensarlo mucho como niño, estaban un paso más allá en sabor y elaboración.

Con los años, los sabores de mi infancia no se quedaron allí, en mi familia hay preparaciones de las que ninguno se cansa: pollo picante, torta de pan, tortilla española, etc., por mencionar algunos. El punto es que mi encanto por la cocina surgió mucho antes de que pasara por mi mente estudiar gastronomía,los vinos llegaron primero, no sé bien en qué momento quise realizar ese curso de vinos, pero la experimentación consciente de los sentidos, el placer de transformar una sensación en palabras estaba viva en mí desde hace años, ese fue el primer indicio.

Cuando estudias cocina y ya tienes una pasión previa por entender lo que pasa en la lengua, en la nariz, en la cabeza con uno u otro sabor, explota en el ser algo mucho más grande que solo ir a clase, es un embeleso por la artesanía y manipulación de ingredientes, que pueden crear constantemente cosas nuevas.
¿Que recuerdos tienes que te hayan acercado con la comida? Cuentanos.

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¿Por qué me gusta el vino?, una historia de contradicciones con dirección! /por-que-me-gusta-el-vino/ /por-que-me-gusta-el-vino/#respond Thu, 12 Nov 2020 14:32:52 +0000 /?p=1 ¿Por qué me gusta el vino?, una historia de contradicciones con dirección! Leer más »

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Primero aclaremos algo, esto es un gusto adquirido, de las maneras más encantadoras posibles; yo me crié rodeado de cerveza, guaro tapa roja, ron y uno que otro brandy del tío con plata.

Si desmenuzamos esas memorias sensoriales con bebidas alcohólicas, lo primero que se viene a mi mente es la imagen de un barril pequeño de roble, de esos que decoran muchas casas y fincas; mis papás en la sala conversando con Héctor y Yudy, amigos de toda la vida; mi hermana y yo jugando y sacando cuanto juguete nuevo tuviéramos para mostrarle a la visita, al son de vallenatos viejos y el combo de las estrellas…; un parche sano, cálido.

Después de ese abrebocas es fácil imaginar mis navidades: aguardiente, baile familiar, cuadras cerradas, muñecos cargados de explosivos y un sancocho en leña al otro día para que los tíos y tías pasaran guayabo.

Ahora sí, podemos entrar en materia: ¡vino mis estimados lectores!, un caldo hermosamente concebido que muestra la tierra, el clima y el talento humano; y si nos vamos más allá, sería una historia para otro blog.

¿Por qué digo que es un gusto adquirido?
La primera vez que tomé un vino real fue de la mano del romance casual, en una tarde que pasé con una mujer que me gustaba bastante, y claro, el vino fomenta una atmósfera de encanto bien interesante, acompañada en el fondo por Edith Piaf y una conversación existencial; parece un cóctel perfecto para dejar salir al romántico caballero que todos dejan libre algunas veces.
Eso sí, era vino blanco barato, tomado a temperatura ambiente, mejor dicho, una cosa ácida, incómoda, pero con contexto.

Creo que las mejores cosas de tu vida aparecen muy repentinamente, pero con pasión e impulso desenfrenados; me refiero a esa necesidad de auto aprendizaje, el querer “googlear” e investigar sobre algo y luego exponerlo por puro placer hedonista a tus amigos o personas de confianza. Sí, así es que te das cuenta de que algo te gusta y quizás que eres bueno en ello, realmente bueno.

Así pues, probando, sacando de la quincena, comprando botellas siempre que podía sin fijarme en la etiqueta o cómo pudiera lucir fue que empecé a ser cada vez más consciente de lo que pasaba en mi boca, con cada sorbo empezó mi gusto a declararse.

Para empezar a conocer el mundo del vino:

1) No juzgues la apariencia, hay hórridas etiquetas que contienen tesoros.
2) Destina de cada quincena un presupuesto para probar siempre una botella diferente.
3) No te enojes si te sale en mal estado, el paladar aprende y recuerda, justo lo que necesitas para identificar defectos en próximos vinos.
4) No comas cuento, toma lo que te guste, ese es el vino perfecto, no existe otro.
¡Salud!

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